"Narices" electrónicas
Una “nariz electrónica” es un dispositivo electrónico que puede oler, puede establecer análisis respecto a la calidad y la cantidad de una mezcla de gases, vapores y olores. La nariz electrónica es un mecanismo de olfato artificial que permite diferenciar y reconocer aromas utilizando sensores de gas.
Ya en el 2005, el Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias desarrolló un dispositivo electrónico para olfatear y analizar los aromas del vino a través de unos sensores de gases. Este proyecto surgió de la necesidad del sector, precisaban un instrumento que controlara la entrada de la uva en la bodega; con este dispositivo se podría rechazar la uva que no esté en condiciones sanitarias adecuadas.
El prototipo valenciano no ha sido el único, un equipo de la Universidad de Valladolid junto con las estaciones enológicas de Castilla y León también lo consiguieron.
El SISCOV, Sistema Integrado de Sensores para la Caracterización Organoléptica del Vino es un catador de vinos electrónico, que realiza labores de cata. Si el catador mira, huele y cata de una forma pausada y reflexiva un vino, el SISCOV hace todo en uno. El ideal es que sea un sumiller quien realice la primera cata y determine el proceso a la máquina. El catador electrónico es una buena opción para los trabajos reiterativos en las bodegas. Así en breve podremos obtener la “huella electrónica olfativa” una especie de carné electrónico que nos dará todas sus características y hará de control de calidad para seleccionar los mejores caldos.
La nariz electrónica actúa de forma simulada a la humana aunque todavía no es capaz de señalar los compuestos que ocasionan dichos perfiles aromáticos. Otras universidades, como la de Burgos, también han desarrollado prototipos similares de “nariz electrónica”.
También la curación de jamones se puede gestionar desde un ordenador con olfato, del mismo modo que ocurre con los vinos. Pero las aplicaciones de la nariz electrónica no son únicamente en estos sectores, hoy en día es posible adquirir estos dispositivos para uso industrial, aunque se tiende a orientarlo más al usuario doméstico para “comprobar” el estado de los alimentos que consumimos por ejemplo.
Navegando por la red encontramos una “nariz electrónica” por apenas 100 € para comprobar el estado de la carne. Funciona midiendo los niveles de los gases que producen las bacterias que descomponen la carne. Vale para todo tipo de carnes e incluso incorpora dos sensores diferentes, uno para carne normal y otro para carne envasada.
Investigadores de la Universidad de Castellón también han desarrollado un dispositivo de nariz electrónica para seleccionar los alimentos más aromáticos. Aplican los avances de la “nariz electrónica” en estudios para mejorar las variedades de tomates, sin descartar la extrapolación a otros productos como el melón, únicamente se deberían ajustar los parámetros de uso del equipo.
Asimismo la “nariz electrónica” tendría también grandes utilidades para empresas de semillas que necesitan seleccionar su materia prima para ofrecer un producto bien diferenciado, o para mejorar los sistemas de control de calidad de alimentos envasados.
Otro avance, orientado al sector de la hostelería y presentado en el Parque Tecnológico de San Sebastián son las pantallas que expelen fragancias y que hasta se pueden lamer para sentir gustos, hablamos de lenguas electrónicas que permiten al usuario conocer el sabor de un alimento; una realidad, en formato prototipo de momento.
Las “narices electrónicas” se han desarrollado en torno al sector de la agroalimentación pero sus usos son diversos. El Instituto de Nanociencia de Aragón (ITA) está trabajando en un prototipo multisensorial del tipo “nariz electrónica” que permitiría localizar explosivos en lugares públicos.
Son las “narices electrónicas” un proyecto por evolucionar que sin duda pronto se desarrollarán para dejar de ser prototipos y pasar a ser dispositivos que nos acompañarán en nuestra vida diaria.







SorayaCalvo
¡Parece mentira!
Todavía sorprenden este tipo de iniciativas...